Samuel sonriendo durante una jornada de la fundación
Historia · Educación

Samuel
encontró su voz.

Samuel llegó tímido. Al inicio participaba con mucha timidez en nuestras actividades — apenas hablaba, se mantenía en los márgenes del grupo, miraba más que jugaba. Para los voluntarios y los líderes de jornada era fácil notarlo: estaba presente, pero no del todo.

Con el paso del tiempo algo empezó a cambiar. La primera jornada que se acercó al grupo de los más mayores, los líderes lo notaron. La primera vez que compartió un material con otro niño sin que se lo pidieran. La primera respuesta que levantó la mano para dar.

Hoy Samuel demuestra una confianza y entusiasmo que su familia celebra. Llega a cada jornada con energía, busca a sus compañeros, participa en los juegos, dice lo que piensa cuando se le pregunta. Su transformación no se mide en cifras. Se mide en una sonrisa que antes no estaba, en una mano que ahora se levanta primero.

Detrás de cada actividad de la fundación hay un niño con nombre. Detrás de cada niño hay una familia con historia. Y detrás de cada historia hay alguien que dio — su tiempo, sus materiales, sus oraciones, o su donación — para que ese cambio fuera posible.

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Hay más niños como Samuel esperando su jornada.

Cada donación se traduce en materiales, alimentación y acompañamiento durante un año de jornadas para los niños de Palenque.